Apostasía colectiva

Apostasía colectiva: durante el debate por el aborto hubo largas filas para renunciar a la Iglesia católica
Una mujer muestra el formulario en el que solicita su desafiliación de la Iglesia. Foto gentileza Marcha.
Los partidarios del aborto legal, seguro y gratuito en Argentina han encontrado en la Iglesia Católica uno de sus más férreos opositores. Por eso, mientras el asunto se debatía en el Senado, los colectivos por la laicidad del Estado organizaron una apostasía colectiva, un acto de renuncia al bautismo. La iniciativa ya circula en las redes sociales y en las calles y ayer, durante el debate, casi 5.000 personas habían confirmado su participación en la actividad colectiva para desafiliarse de la Iglesia católica.

"El hecho de apostatar es ejercer el derecho a poder tener la libertad de conciencia absoluta, de que no se imponga una religión simplemente por una cuestión de tradición, y de empezar a andar otro camino diferente", dijo a la agencia Sputnik Fernando Lozada, integrante de la Coalición Argentina por un Estado Laico (CAEL).

"Lo hacemos público y masivo porque es una forma de demostrar que no estamos de acuerdo con las políticas que ejerce esa institución ni con las presiones a distintos funcionarios públicos para lograr tener sus privilegios", agregó.

"El debate por la legalización del aborto en Argentina ha demostrado quién es la principal oposición: la Iglesia católica apostólica romana. Ha sido siempre un obstáculo en distintos momentos de la historia en los que se ha querido adquirir derechos", dijo el portavoz de la CAEL.

Citó la intervención de la Iglesia para frenar el divorcio vincular en 1901 y en 1954, durante el segundo gobierno de Juan Domingo Perón. Recién en 1987 los argentinos lograron la posibilidad de disolver sus matrimonios ante la ley. Más adelante, la Iglesia católica se opuso a las leyes de matrimonio igualitario (2010), identidad de género, muerte digna (2012) o fertilización asistida (2013).

Iglesia y Estado, asunto separado

En medio de la marea de pañuelos verdes, algunos de color naranja han surgido con el lema "Iglesia y Estado, asunto separado", mientras que otra campaña similar impulsa la utilización de pañuelos negros. Ambos llevan el diseño de una iglesia, un edificio civil y una tijera que los separa. Independientemente del color de la iniciativa, desde la CAEL aplauden la fuerza que toma el debate por la laicidad del Estado.

En uno de sus artículos, la Constitución argentina indica que el "Estado sostiene el culto católico apostólico romano". Sin embargo, a la luz de algunos fallos de la Suprema Corte, esto no implica que Argentina tenga un Estado confesional. Aún así, se le reconoce a la Iglesia católica un estatus especial. Mientras que las otras religiones se consideran personas jurídicas de derecho privado, las instituciones católicas son de derecho público. Esto se refleja también en amplias "prebendas" y "privilegios" que se les concede.

Cuestionamientos

Entre estos, están la remuneración y los viáticos de obispos y arzobispos, que cobran el 80% de lo que percibe un juez de paz de primera instancia. Los seminaristas y los párrocos de frontera también reciben asignaciones mensuales. También los Estados provinciales y el nacional transfieren dinero a instituciones educativas y sanitarias.

La falta de transparencia en esta relación hace que sea muy difícil valorar la cuantía del apoyo estatal a la Iglesia, pero en la CAEL lo estiman en unos 20.000 millones de pesos. A inicios de 2018, el pago de sueldos a prelados despertó una polémica en la sociedad. Ahora, esta se ve fogueada por la postura de la Iglesia respecto al aborto. Según un canon —ley eclesiástica— aprobado en 1983, quien procura un aborto, si se produce, incurre en la pena de la excomunión.

Según datos corroborados por Chequeado, en Argentina, un 76,5% de las personas se declaran católicas, pero el índice de practicantes es mucho menor. Es común bautizar un niño a poco del nacimiento, aún si los padres no son creyentes. Sin embargo, no se suele pensar en este rito como "una forma de reclutamiento, de afiliación, que en general se hace en una edad en la que uno no puede razonar", dijo Lozada.

"La parte del pecado nos tiene sin cuidado, pero no la posibilidad de ejercer el derecho de protección de datos personales. Las creencias y la afiliación a una convicción particular, como puede ser la religiosa, son datos sensibles. Tenerlos en privado es un derecho, al igual que entrar y salir de cualquier institución que uno decida", dijo el portavoz de la CAEL.

Para realizar este procedimiento a través de la ley civil, los ciudadanos pueden ampararse en el recurso de hábeas data, que permite que cualquier persona acceda a los datos personales que cualquier institución tenga sobre ella, y solicitar su eliminación llegado el caso.

"Se le exige a la Iglesia que nos quite de sus registros. En general no lo hace cuando hacemos la apostasía, lo que hace es tachar", constató Lozada.

"La Iglesia ha sido muy hábil en introducir ritos en cada uno de los momentos importantes de la vida de las personas. Lo que nosotros queremos hacer es dar una batalla cultural, es decir, empezar a romper con el bautismo realizado por defecto", afirmó.

Para quienes están bautizados y no se sienten representados por una Iglesia con "poder e influencia", la apostasía es un gesto simbólico, un trámite contemplado en el derecho canónico y considerado uno de los grandes pecados que ameritan la excomunión automática, como la herejía y el cisma.

Y aunque los curas que amenazaron con ese castigo al Presidente y los parlamentarios que aprueben la ley, se trata de "un gesto político" con el fin de presionar, mucho más del carácter religioso de la advertencia. Los poderes del Estado, dijo Lozada, "están muy entrelazados" con la Iglesia. 

"Esta manifestación tan explícita de la Iglesia en contra de la legalización del aborto ha hecho que se reavive el debate sobre el Estado laico, es decir, la necesidad de separar absolutamente a la Iglesia y el Estado en la República Argentina", dijo el portavoz de la CAEL.

Los testimonios

Cientos de personas, quizá miles, sellaron este miércoles su renuncia a la Fe. Infobae precisa que la convocatoria nació en las redes sociales y se materializó sobre una mesa modesta ubicada en avenida de Mayo casi en la esquina de Salta, decorada con carteles que invitaban a abandonar la religión católica y algunos "memes" convertidos en stickers, como el de San Cayetano, el patrono del trabajo, con un pañuelo verde atado al cuello.

"Mi familia es re religiosa, mi papá es pastor apostólico y siempre pensé lo mismo, desde que era chica: que yo no tenía nada que ver con todo eso", cuenta Camila Belén Scalisi. La chica de 21 años llegó junto a su amiga Juana Mujica, quien explica que se enteraron por Facebook y fueron directamente a buscar el stand en la avenida.

 

Casi todos los firmaron durante la marcha por la legalización del aborto traían la idea desde antes de que comenzara el debate en Diputados, pero los argumentos expuestos por el lado celeste y el aporte que hizo la Iglesia para motorizar la oposición al aborto legal les detonó la acción.

"La religión es un chamuyo. Una forma de dominar y manipular. ¿Qué es la Fe? Me enoja la injerencia de la Iglesia católica en el aborto. Tienen abusos y no lo dicen. Son impunes, y están respaldados por el Estado", comentó Camila, que recuerda cuando a los ocho años le preguntó a su papá pastor por qué las mujeres no podían ser ella también y la respuesta, que jamás olvidó, fue: "Las mujeres están en el coro o son maestras".

La apostasía colectiva fue convocada por la Coalición Argentina por un Estado Laico (CAEL). "Nosotros perseguimos la separación de Iglesia y Estado. La apostasía es un acto personal y político. Acá facilitamos el trámite", explica Marcela Brusa, docente de 58 años, e integrante de la organización, que una vez recolectadas las formularios se encargarán de llevarlos a los respectivos arzobispados.

"Queremos que se sinceren los números de fieles. La Iglesia usa el número de bautizados para reclamar privilegios del Estado. Ya ves que la mesa está llena de gente", sonríe Brusa, abrigada con una campera que tiene estampadas las banderas del Vaticano y la Argentina separadas por un rayo rojo.

"Hace mucho que lo quería hacer pero pensaba que era un trámite complejo. No estoy para nada de acuerdo con la iglesia. Mis padres me afiliaron sin preguntarme y no comulgo con esas ideas. No me interesa sumar a su poder. Me parece malísimo institucionalmente y para el país lo que hace la Iglesia con el aborto. Es un avasallamiento en nombre de Dios. Pretenden hablar por todos", dice Sol Ugalde, de 29 años, diseñadora en comunicación visual.

Sol Ugalde y su prima Marianela Fabi, ambas apostataron

Fernando Lozada, es uno de los militantes de CAEL que recibe a los fieles que buscan dejar de serlo. La mayoría no pregunta, simplemente completa el formulario, entrega fotocopia de su DNI y se va, sintiéndose ex católico. Una chica se acerca y le pregunta por qué, entre otras cuestiones, pretenden sacar la simbología católica de los espacios públicos, como el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso.

 

"Fue entronizada a fines de los '90. Y muestra el privilegio de una institución sobre otras que no pueden estar ahí. Y da un mensaje. ¿Qué clase de sexualidad se quiere con una virgen madre y sumisa? No puede haber ciudadanos de segunda", explica Lozada, de 44 años.

CAEL nació en 2010 para contrarrestar un proyecto de libertad religiosa presentada por la exdiputada Cinthya Hotton. "Para nosotros esto es un acto político. Les pedimos que dejen de reclutar fieles a la edad de un año. Una persona tiene que poder decidir. Y no hablen más en nuestro nombre. Es un acto simbólico que ayuda a tomar conciencia", explica Lozada.

¿Cómo es el trámite?

Para apostatar es preciso enviar una carta informando a decisión de dejar de pertenecer a la Iglesia Católica y por lo tanto exigiendo que se modifiquen los registros donde cómo ciudadano el interesado figura como católico.

La Coalición Argentina por un Estado Laico aclara que esta carta no debería tener demasiadas justificaciones y propone un modelo para descargar. Según precisan, es importante que la carta contenga datos del bautismo (parroquia y fecha aproximada, al menos el año).

¿Dónde enviar la carta?

La carta debe ser enviada a la diócesis a la que pertenece la parroquia donde cada persona fue bautizada. La organización también aporta datos de las Diócesis de todo el país en su portal.

Puede ser enviada por correo postal o entregada personalmente, pero en todos los casos conviene tener alguna constancia de entrega. Si se envía por correo es mejor hacerlo al menos certificada, y si se entrega en persona conviene llevar una copia para que sea sellada a modo de acuse de recibo.

¿Cómo sigue el trámite?

La carta exige una respuesta favorable en el término de cinco días. Sin embargo, desde la organización precisan que generalmente este plazo no es respetado.

Si no hay respuesta hay dos caminos: intentar un contacto informal con la diócesis o bien hacer una denuncia a la Dirección nacional de Protección de Datos Personales.

Fuente e imágenes: El Tribuno - Sputnik, Diario de Río Negro y Fernando Soriano (Infobae).