Egocentrismo: "Exagerada exaltación de la propia personalidad, hasta considerarla como centro de la atención y actividad generales."
Permanentemente en foros religiosos de todo internet se habla del egocentrismo de los ateos. He sido víctima permanente de acusaciones al respecto. "Los ateos son egocéntricos", "tú eres un egocéntrico"...
Me tomé incluso la molestia de consultar la definición del término en el diccionario de la real academia española para comprobar si lo que yo creía que significaba el término era real o me lo había imaginado, porque realmente nunca pude entender las razones de tales acusaciones.
Bueno, tanto la RAE como la enciclopedia libre Wikipedia confirmaron que mis suposiciones eran correctas: "los religiosos no tienen ni la menor idea de lo que están hablando".
Básicamente el término define a las personas que se creen el centro de todo. El objetivo, la meta o el destino de todo lo que ocurre. Una persona que acepta que es un punto insignificante de materia, similar a miles de millones más, dentro de un universo inmenso que no admite la posibilidad alguna de consideración hacia su persona, jamás podría recibir la acusación de ser egocéntrico. Si los creyentes pensaran por sí mismos de vez en cuando les resultaría algo evidente.
Por otro lugar, un religioso que está convencido de ser el hijo predilecto de un ser superior, convencido de ser dueño de una verdad absoluta (sin poder presentar la más mínima prueba de ello), que piensa que todo fue construido para servirle y en función de su existencia, que es digno de vivir eternamente en un reino divino por ser elegido o seleccionado mientras los demás, por contradecirlo, deberán pasar el resto de sus días en un agujero profundo en llamas, puede fácilmente ser caratulado como egocéntrico, ¿o no?
Las acusaciones hacia el ateísmo tienen su razón de ser. Y la razón no es que estas acusaciones sean ciertas, como pudimos comprobar, la razón es que se trata de un arma de defensa que utilizan las religiones para proteger sus fantásticas historias y evitar que el desafío insuperable de enfrentar a un ateo resulte fácil gracias a la utilización de unas evasivas ya definidas. El creyente ni siquiera tiene que imaginar una respuesta, las religiones ya se encargaron de prepararlas para él.
Se construyen así prejuicios que son transmitidos de un religioso a otro. Como cualquier otro pensamiento religioso, estos prejuicios no son en ningún momento cuestionados ni analizados por los fieles, que los aceptan y adoptan como propios. De este modo, el creyente se transforma en un ente gobernado a control remoto que reacciona o actúa acorde a una programación previa (el ya ultra conocido y aplicado lavado de cerebro religioso).
Surgen de este modo acusaciones increíbles y sin ningún fundamento como el egocentrismo ateo. Un egocentrismo que no puede verse en lo absoluto, y que ante la menor oportunidad se manifestará en los religiosos como una de sus mejores virtudes.
Un ateo no sólo será considerado egocéntrico, desafortunadamente este será el calificativo más suave que podrá recibir, desde ser considerado una persona marginal, sin conciencia, sin amor ni sentimiento alguno, hasta merecedor de un castigo eterno en un espacio cerrado y ardiente al que llaman infierno.
Los religiosos, los seres más egocéntricos en la historia de la humanidad, acusan con enorme hipocresía a los demás de ser lo que a ellos principalmente los distingue.
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