Buscando libros para completar la sección "libros" (qué originalidad!) me encontré con "El alma del ateísmo" de Andre Comte. No he leído el libro, pero me ha llamado la atención su reseña. El título mismo llama la atención.
La principal afirmación es "Los ateos también tienen espíritu", algo que el título ya asegura por propia cuenta. Quizás se deba a la definición poco extensa de la palabra ateo, aunque algo me hace suponer que en realidad se debe a un error cometido tanto por creyentes como por ateos.
El libro aparentemente hace una análisis sobre la necesidad para el ateísmo de desarrollar un pensamiento espiritual, o tener espiritualidad (sea esto lo que sea). Dice: "Hay que pensar una espiritualidad laica: una espiritualidad sin Dios, sin dogmas, sin Iglesia".
No estoy seguro si el autor parte de un pensamiento religioso o ateo, pero de lo que estoy seguro es que todo su análisis y su libro parten de una premisa falsa. ¿Quién les dijo que existe el alma o el mundo espiritual?
Es simple, las razones por las que se cree en un mundo espiritual y en poseer un alma (o que uno es un alma) son las mismas que las que nos llevaron a creer en dioses. El grado de comprobación de esta creencia y las evidencias y pruebas en su favor son, al igual que las de un dios, absolutamente nulas. Del mismo modo que un dios, la creencia en la espiritualidad se sostiene en lo subjetivo, en las excusas y en el autoconvencimiento.
No existe un mundo espiritual, todas las características humanas que se atribuyen a un alma son resultados propios de la actividad de nuestro cerebro. Muchas de estas características se encuentran de forma gradual en otras criaturas. Jamás se ha podido probar que somos otra cosa más allá de lo que realmente somos, y simplemente se cree en los espíritus, las almas y los mundos espirituales por tradición. Tanto como los dioses, la idea de un mundo espiritual se hereda. Somos convencidos de que somos un espíritu, nos engañan desde pequeños para creer esto.
Muchas personas han dejado de creer en un dios, pero continúan afirmando que existe el espíritu. A su dios lo han descartado porque no han hallado pruebas de su existencia y porque la realidad y las cosas que ocurren en esa realidad y que ocurrieron en toda la historia de la humanidad conocida no indican presencia de dios alguno. Sin embargo, la necesidad de preservarse en el tiempo, de continuar existiendo, junto al miedo de desaparecer por siempre y nuestro desconocimiento, mueven a muchos a continuar sosteniendo que existe otra vida aparte de la física, que somos otra cosa más que la suma de átomos y moléculas. Las ideas que heredaron sobre un dios han sido descartadas, pero aún conservan las ideas sobre la espiritualidad, como si se tratara de algo intocable, innegable, y no son capaces de razonar sobre ellas. Comienzan a buscar evidencias en lo cotidiano, al igual que cualquier creyente, y cualquier excusa se vuelve válida.
No existen pruebas de la existencia del mundo espiritual. Todas las pruebas son subjetivas, los fantasmas aparecen sólo de noche, las copas se mueven si se le ponen los dedos encima, los muertos aparecen en rutas abandonadas o en ciudades colmadas donde nadie puede corroborar nada y donde las caras de los vivos son similares y confusas, etc, etc, etc. De hecho, ante una circunstancia dudosa yo podría argumentar que se trata de una intervención extraterrestre, de una civilización avanzada que vive a años luz de aquí y el creyente no podría negarlo y mucho menos demostrar que son espíritus como afirma. El autoengaño entra en juego cuando se comprende que al igual que los dioses las pruebas son solo subjetivas. Cuando alguien dice "sentir" a su dios, yo podría afirmar que no se trata de un dios sino de un elefante de cuatro cabezas todopoderoso y mi argumento tendría la misma validez.
Ayer, en un programa de televisión, los conductores viajaban a una isla donde una cabaña había sido abandonada. Se decía que tanto los propietarios originales como así también los surfistas que se instalaban en la cabaña para disfrutar de las olas y la playa huían rápidamente debido a que en las noches recibían la visita de espíritus. La cabaña abandonada hablaba por si misma. La gente que la había habitado parecía haber dejado todo de repente, lo que hacía intuir que algo malo pasaba en el lugar. Los espíritus eran la razón para los aldeanos, los conductores se aferraron a la idea y seguramente los televidentes quedaron con la imagen de la cabaña abandonada como justificativo de la existencia de espíritus impregnada en sus mentes.
Pero claro, después, como un simple comentario al margen, los conductores de este programa se encargaron de explicar que además de los espíritus, la cabaña era periódicamente visitada por cocodrilos hambrientos y toda clase de arañas y serpientes venenosas. Así cualquiera saldría corriendo del lugar!!!
Las excusas son simples de encontrar para un creyente. Pero no son más que excusas. Las pruebas brillan por su ausencia, y mientras tanto mi perro me lame la mano en prueba de afecto, las drogas alteran nuestra conducta y nuestra forma de ser, las amputaciones cerebrales anulan atributos del alma en quienes las sufren y millones de neuronas trabajan inútilmente para lograr algo que según los creyentes ya lo hace una especie de nada sin sentido que supuestamente es todo lo que somos.
Lo invitamos a difundir esta información:
Todos los textos publicados fueron escritos y son propiedad del autor de este sitio web, salvo que se indique expresamente lo contrario. Todos los derechos han sido reservados. Sin embargo, se autoriza por medio de esta nota a utilizar, reproducir, copiar o transcribir estos textos de forma libre y gratuita por cualquier medio disponible bajo la única condición de preservar su integridad |